Cuando se ve el nido, ya es demasiado tarde
Un nido de avispón asiático se ve perfectamente en diciembre. Cuelga del extremo de una rama, grande como un balón, visible desde la carretera. Ese es precisamente el problema: a esas alturas la colonia ya ha terminado su trabajo. Las fundadoras se han ido, invernan en otro sitio, y el nido que miramos es una cáscara vacía.
Durante toda la temporada útil, entre junio y octubre, ese mismo nido es invisible. Está alto, a menudo por encima de los quince metros, y el follaje lo tapa por completo. Sabemos que existe porque los avispones están ahí, en vuelo estacionario delante de las colmenas, capturando a las pecoreadoras al regreso. Lo que no sabemos es dónde.
Ese desfase es el que viene a cubrir el dron térmico: encontrar el nido mientras todavía cuenta.
Lo que una cámara térmica ve de un nido activo
Un nido en actividad es un organismo que produce calor. Las mediciones tomadas por los pilotos que practican esta localización dan órdenes de magnitud constantes: 28 a 30 °C en el interior, y una superficie que supera los 20 °C.
Ese calor no depende ni de la hora ni del tiempo. Lo que sí depende es todo lo demás.
Una cámara térmica no mide una temperatura, mide una diferencia. En una mañana a 10 °C, un nido a más de 20 °C forma una mancha nítida en medio de un follaje frío: se detecta sin dudar. En cuanto el aire exterior sube hacia los 15 °C y el sol ha calentado las hojas, ese mismo nido se funde con el ruido. Los profesionales lo dicen sin rodeos: a 15 °C, la detección se vuelve difícil.
La consecuencia es práctica, y decide el resto del día: se vuela temprano. La localización térmica del avispón es un trabajo de primera hora, o de final de temporada, cuando la noche ha enfriado la copa de los árboles y el sol aún no la ha alcanzado.
Dos ensayos públicos, dos resultados: decide el sensor
La localización térmica del avispón ha sido filmada y publicada por varios profesionales, y es comparando sus ensayos como más se aprende.
AIRD'ECO-Drone, que impulsa el programa Bees for Life, difundió una comparación en la que se ve la misma escena en térmico y en luz visible: el nido destaca como una mancha nítida en medio de la copa, sin ambigüedad posible.

Actividad de un nido de avispones asiáticos comparada en vista térmica y en vista clásica. Crédito: AIRD'ECO, programa Bees for Life.
Mire las dos mitades en el orden inverso al de la lectura: a la derecha, en luz visible, hay que saber dónde buscar para distinguir el nido de las ramas. A la izquierda, salta a la vista. Ahí está todo el interés del método, y toda la razón por la que el sensor cuenta.
Étienne Roumailhac, que dirige Landes Guêpes Frelons en Toulouzette y forma en certibiocida, publicó el suyo con un aparato de doble sensor de gama de entrada. El resultado es honesto y él mismo lo dice en su vídeo: el sensor es demasiado débil, la distinción no es nítida. El nido no se separa lo bastante del follaje como para poder concluir.
Estos dos ensayos no se contradicen. Dicen lo mismo desde dos ángulos: el método funciona, el material decide. Una cámara térmica de definición modesta, montada en un aparato polivalente, no separa un nido de un follaje calentado. Un sensor radiométrico correcto, en un aparato pensado para ello, sí.
Es un matiz que los artículos sobre el tema suelen callar, y sin embargo es el que decide si la mañana habrá servido de algo. Un operador que compra el aparato equivocado concluirá que el térmico no funciona, cuando solo ha medido el límite de su sensor.
Una palabra sobre lo que aporta el segundo ensayo pese a todo: muestra qué aspecto tiene un fracaso, lo cual es más útil que una demostración lograda para quien tiene que equiparse.
Una mancha caliente todavía no es un nido
El térmico da una pista, no una conclusión. Un tronco expuesto al sol naciente, un animal, un cable, el techo de una caseta devuelven también una firma caliente.
La cadena que funciona encadena por tanto dos cámaras: la térmica localiza, la visible confirma. Se desciende, se hace zoom, se identifica la forma y la especie, y solo entonces se decide intervenir. Los drones utilizados llevan ambos sensores en el mismo soporte, lo que evita repetir el vuelo.
Es esta cadena completa la que se documentó en un colmenar: sobrevuelo térmico de una zona arbolada, calor anormal en la copa, confirmación visual en alta definición, tratamiento a la mañana siguiente. En los días posteriores, la presión sobre el colmenar se dividió por diez.
Qué material, y lo que no hará
La localización exige dos sensores en el mismo soporte: una cámara térmica radiométrica y una cámara visible con un zoom aprovechable. Es lo que llevan los aparatos de la clase de los Matrice 4T o del Alpha: se localiza en térmico, se pasa a visible sin volver a posar el dron.
Tres límites merecen decirse con franqueza, porque deciden el resultado más que la definición del sensor:
- el follaje detiene el infrarrojo. Una cámara térmica no ve a través de las hojas, ve el calor que sale de ellas. Un nido profundamente hundido en una copa densa puede no dejar pasar nada, sea cual sea la máquina;
- el viento borra el contraste. Remueve el aire caliente en cuanto sale del nido y alisa la firma;
- la lluvia reciente lo falsea todo. Un follaje mojado que se seca al sol devuelve manchas calientes por todas partes.
Dicho de otro modo, el térmico no sustituye al conocimiento del terreno: acelera una búsqueda que alguien ya ha orientado, partiendo de los colmenares afectados y de la dirección de los vuelos observados.
Filmar un nido es libre, dejar caer una bola dentro no lo es
Es el punto que la mayoría de los artículos sobre el tema pasa por alto.
Localizar un nido es volar con una cámara. Tratarlo es depositar algo dentro. Ahora bien, el Reglamento (UE) 2019/947 prohíbe a una aeronave no tripulada soltar cualquier tipo de materia en categoría abierta. Una bola de biocida depositada en un nido es un lanzamiento, sin discusión posible.
Una intervención de este tipo entra por tanto en la categoría específica: autorización de explotación, escenario estándar o análisis de riesgo, con todo lo que ello supone de declaración y de competencias. No es un trámite que se resuelva después.
Y el producto tiene su propio régimen. Los biocidas reservados a profesionales del tipo TP18, los insecticidas y productos contra otros artrópodos, que cubren exactamente al avispón, imponen el certibiocida al usuario, al distribuidor y al comprador. Es la orden francesa del 9 de octubre de 2013, modificada varias veces desde entonces. Dicho de otro modo: sin ese certificado no se puede ni comprar el producto ni utilizarlo.
Dos condiciones, dos administraciones, y ninguna de las dos se deduce de la otra. Un dron perfectamente en regla para volar no lo está para tratar.
Lo que otros exploran
La bola no es la única vía. Algunos fabricantes franceses proponen drones equipados con una lanza de inyección, que reproducen en vuelo el gesto hecho desde el suelo desde hace años con una pértiga telescópica: acercarse al nido, inyectar, apartarse.
La oferta existe y se comercializa. Hay que decir sin embargo lo que falta: ningún resultado público permite hoy medir su eficacia, ni compararla con la pértiga. Las páginas que la presentan hablan de homologación gracias a un paracaídas, lo cual es un contrasentido útil de aclarar: un paracaídas responde al riesgo de caída sobre personas, no levanta en nada la prohibición de lanzamiento. Son dos exigencias distintas, y satisfacer una no dispensa de la otra.
Quién interviene, y quién paga: el caso de Francia
Es la pregunta que realmente se hacen quienes descubren un nido en su casa, y la respuesta suele sorprender.
⚠️ Esta sección describe el derecho francés. El estatuto europeo de la especie, en cambio, vale en toda la Unión: el avispón de patas amarillas figura en la lista de especies exóticas invasoras preocupantes para la Unión por el Reglamento de ejecución 2016/1141, lo que prohíbe poseerlo, criarlo, transportarlo o liberarlo en los veintisiete Estados miembros. Pero quién decide una destrucción, quién la paga y qué profesional tiene derecho a intervenir dependen de cada país, y a menudo, en Francia, de cada municipio. Un lector español, portugués o belga encontrará un plan nacional diferente, con sus propios organismos.
En Francia, el avispón asiático acumula dos estatutos: peligro sanitario de segunda categoría para la abeja doméstica desde la orden del 26 de diciembre de 2012, y especie exótica invasora preocupante para la Unión Europea desde el Reglamento 2016/1141, recogido en Francia por la orden del 14 de febrero de 2018. El plan nacional de lucha lo impulsan GDS France y FREDON France, y la ley n.º 2025-237 del 14 de marzo de 2025 le ha dado una base legislativa propia.
En la práctica:
| Situación | Quién decide |
|---|---|
| Nido en una propiedad privada | El propietario, que recurre a quien quiere |
| Lucha organizada en un territorio | El prefecto puede ordenar la destrucción |
| Cobertura del coste | Según el municipio o el departamento, sin regla nacional |
Los bomberos no son el interlocutor por defecto, al contrario de una idea muy extendida. El reflejo útil es llamar al ayuntamiento, que orienta hacia el organismo local, o acudir directamente a un profesional de la destrucción de nidos.
Es un oficio en sí mismo, y se forma: Landes Guêpes Frelons, en las Landas, destruye nidos de avispones y avispas en todo el gran suroeste francés, recupera los enjambres de abejas en lugar de destruirlos, y forma en certibiocida a quienes quieren hacer de ello su actividad. Es ese mismo certificado el que condiciona la compra del producto, sea cual sea el medio de depositarlo.
Existe además una plataforma dedicada a la notificación: Bees for Life recoge las trampas y los nidos notificados, y pone en contacto a particulares, municipios y profesionales de la destrucción. Notificar un nido lleva un formulario, y es útil incluso cuando no se hace nada más: un nido conocido es un nido que alguien puede tratar.
¿Ya interviene en nidos? Hágalo visible
Dos oficios conviven en este artículo, y el directorio los distingue desde ahora.
- Ya tiene una ficha en el directorio: encuéntrela y reivindíquela: la reivindicación le da el control.
- Todavía no tiene cuenta: cree una, es gratuito y la ficha se construye a partir de su identificador de empresa.
- En la aplicación, abra Mi organización, sección Actividades. Marque Ecología y fauna, y luego, en Subactividades, marque Tratamiento de nidos de especies invasoras si interviene, o Cartografía de especies invasoras si solo hace la localización.
Las dos casillas no dicen lo mismo, y es deliberado: quien busca hacer tratar un nido no quiere dar con un proveedor que solo sabe encontrarlo.
El calendario lo manda todo
La temporada del avispón asiático es más larga que la de los cervatillos, pero tiene la misma propiedad: lo que no se prepara en el momento adecuado no se recupera.
| Cuándo | Lo que se juega |
|---|---|
| Febrero - abril | Trampeo de fundadoras, alrededor de colmenares y antiguos nidos |
| Mayo - junio | Los nidos primarios, bajos y pequeños, todavía accesibles |
| Julio - octubre | El nido secundario está alto y oculto: es la temporada del térmico |
| Noviembre - diciembre | El nido por fin se ve, pero está vacío |
Una localización lanzada en noviembre ya no protege nada ese año. Documenta el territorio para el siguiente, lo cual también tiene su valor, pero no hay que contarse historias sobre lo que cambia.
Lo que cada cual puede hacer: trampear pronto, pero trampear bien
Un nido tratado es un nido. El avispón asiático no se resuelve con unas cuantas intervenciones bien llevadas: ocupa el territorio, y la presión solo baja allí donde mucha gente actúa a la vez. Es un problema colectivo, y nadie tiene una solución que dispense a los demás de actuar.
El gesto más accesible sigue siendo el trampeo de fundadoras al comienzo mismo de la primavera. Una fundadora capturada en marzo es un nido que no existirá en agosto, y los apicultores que trampean alrededor de sus colmenares año tras año lo comprueban en su propia presión.
Hay que decir también que medir esa eficacia no está zanjado, porque es exactamente lo que el lector encontrará en otros sitios. El Muséum national d'Histoire naturelle francés considera que la eficacia del trampeo de primavera no está demostrada a escala de un territorio, lo cual no es lo mismo que decir que es nula.
Su razonamiento merece darse entero, porque rara vez se cita: un nido grande produce más de quinientas fundadoras, y la primavera es justamente la estación en que más mueren, por competencia entre ellas para establecerse. Alrededor de nueve de cada diez desaparecen por sí solas. Retirar unas cuantas libera sobre todo sitio para las demás.
Y su recomendación no es «no trampee nunca»: el Muséum desaconseja el trampeo de primavera fuera de un marco científico, y lo reserva para los colmenares fuertemente atacados el año anterior. Es una posición mucho más cercana al terreno de lo que se dice.
Las campañas masivas, por su parte, dan resultados dispares: Valonia capturó más de 40 000 fundadoras en la primavera de 2026 con 134 000 trampas en 190 municipios, mientras que algunos cantones suizos vieron aumentar sus nidos pese a cientos de reinas capturadas.
Lo que todo el mundo retiene, en cambio, es dónde sirve el trampeo: alrededor de los colmenares, cerca de los antiguos nidos, en los focos que vuelven cada año. Trampear donde el avispón regresa vale más que trampear en todas partes.
La trampa cuenta tanto como el gesto
Es el punto sobre el que no hay ningún debate, y el que más se descuida.
Las trampas de tipo botella o campana, esas que se fabrican en diez minutos con un fondo de jarabe, capturan de media 96 a 99 % de insectos que no son el objetivo. La cifra basta para entender por qué se proscriben: se matan decenas de especies, polinizadores entre ellas, por unos pocos avispones.
⚠️ En Francia ya no es un consejo: el plan nacional de lucha las prohíbe. Botellas, campanas y tarros quedan excluidos por su falta de selectividad, y solo se admiten las trampas referenciadas: trampas japonesas, trampas coreanas de alas, nasas de rejilla con separación física entre el cebo y la parte de captura. En el resto de Europa el marco difiere; la cifra de selectividad, en cambio, no depende de ninguna frontera.
Las trampas de caja de conos, con un cebo inaccesible, bajan a alrededor del 30 % de capturas no deseadas. Ninguna es neutra, pero la diferencia entre ambas es la que separa un gesto útil de un gesto dañino.
De ahí salen tres consejos:
- no improvise su trampa. No es solo una cuestión de eficacia: una trampa fabricada en casa tiene todas las papeletas de ser exactamente la que el plan nacional descarta. El material progresa año tras año, y un tutorial del año pasado no lo sabe;
- revísela con regularidad, para liberar vivos a los insectos que no son el objetivo;
- súmese a un dispositivo organizado cuando exista en su región. Varias federaciones sanitarias publican un protocolo de trampeo de primavera: mismas trampas, mismas fechas, mismos registros. Un trampeo coordinado enseña algo; cien trampas aisladas no enseñan nada.
Y el gesto que menos cuesta y más sirve sigue siendo la notificación. Un nido visto, aunque esté vacío en invierno, es una información: dice dónde han pasado el verano las fundadoras, y por tanto dónde trampear la primavera siguiente.
La acción de cada cual es efectivamente la clave. Vale sobre todo cuando es específica, selectiva y compartida.